Los Mitos de la
Biotecnología Agrícola:
Algunas Consideraciones Éticas Miguel
Altieri
Universidad de
California, Berkeley
Durante años los académicos han
supuesto que la agricultura no representa
un problema especial para la ética
ambiental, a pesar del hecho de que la
vida y la civilización humanas dependen
de la artificialización intencional de
la naturaleza para llevar a cabo la
producción agrícola. Hasta los críticos
de los impactos ambientales de los
pesticidas y de las implicancias sociales
de la tecnología agrícola no han podido
conceptualizar una ética ambiental
coherente aplicable a los problemas agrícolas
(Thompson, 1995). En general, la mayor
parte de los proponentes de la
agricultura sostenible, condicionados por
un determinismo tecnológico, carecen de
un entendimiento de las raíces
estructurales de la degradación
medioambiental ligada a la agricultura
capitalista. Por lo tanto, al aceptar la
actual estructura socioeconómica y política
de la agricultura como algo establecido,
muchos profesionales del agro se han
visto limitados para implementar una
agricultura alternativa que realmente
desafíe tal estructura (Levins y Lewotin,
1985). Esto es preocupante, especialmente
hoy que las motivaciones económicas, más
que las preocupaciones sobre el medio
ambiente, determinan el tipo de
investigación y las modalidades de
producción agrícola que prevalecen en
todo el mundo (Busch et al., 1990).
De aquí que sostenemos que el
problema clave que los agroecólogos
deben enfrentar, es que la moderna
agricultura industrial, hoy epitomizada
por la biotecnología, se funda en
premisas filosóficas fundamentalmente
falsas y que precisamente esas premisas
necesitan ser expuestas y criticadas para
avanzar hacia una agricultura
verdaderamente sostenible. Esto es
particularmente relevante en el caso de
la biotecnología, donde la alianza de la
ciencia reduccionista y una industria
multinacional monopolizada, que
conjuntamente perciben los problemas agrícolas
como simples deficiencias genéticas de
los organismos llevarán nuevamente a la
agricultura por una ruta equivocada (Lewidow
y Carr, 1997).
El objetivo de este trabajo es
contrarrestar las falsas promesas hechas
por la industria de la ingeniería genética,
que alega, que ella alejará a la
agricultura de la dependencia en los
insumos químicos, que incrementará su
productividad y que también disminuirá
los costos de los insumos, ayudando a
reducir los problemas ambientales (OTA,
1992). Al oponernos a los mitos de la
biotecnología damos a conocer lo que la
ingeniería genética realmente es: otra
"solución mágica" destinada a
evadir los problemas ambientales de la
agricultura (que de por sí son el
resultado de una ronda tecnologica previa
de agroquimicos), sin cuestionar las
falsas suposiciones que crearon los
problemas en primer lugar (Hindmarsh,
1991). La biotecnología desarrolla
soluciones monogenicas para problemas que
derivan de sistemas de monocultivo ecológicamente
inestables, diseñadas sobre modelos
industriales de eficiencia. Ya se ha
probado que tal enfoque unilateral no fue
ecológicamente confiable en el caso de
los pesticidas (Pimentel et al., 1992).
Cuestionamiento Ético de la
Biotecnología
Las críticas ambientalistas a la
biotecnología cuestionan las
suposiciones de que la ciencia de la
biotecnología esta libre de valores y
que no puede estar equivocada o mal
utilizada, y piden una evaluación ética
de la investigación en ingeniería genética
y sus productos (Krimsky y Wrubel, 1996).
Quienes proponen la biotecnología son
considerados como que tienen una visión
utilitaria de la naturaleza y favorecen
el libre intercambio (trade-off) de las
ganancias económicas por el daño ecológico,
indiferentes ante las consecuencias para
los seres humanos (James, 1997). En el
corazón de la crítica están los
efectos biotecnológicos sobre las
condiciones sociales y económicas y los
valores religiosos y morales que
conllevan a preguntas como:
- ¿Deberíamos alterar la
estructura genética de todo el
reino viviente en nombre de la
utilidad y las ganancias?
- ¿Es la constitución genética
de todos los seres vivos la
herencia común de todos, o puede
ser adquirida por las
corporaciones y de esta manera
convertirse en propiedad privada
de algunos?
- ¿Quién dio a las compañías
individuales el derecho a
monopolizar grupos enteros de
organismos?
- ¿Los biotecnólogos se sienten
los dueños de la naturaleza? Es
esta una ilusión construida
sobre la arrogancia científica y
la economía convencional, ciega
a la complejidad de los procesos
ecológicos?
- ¿Es posible minimizar los
conceptos éticos y reducir los
riesgos ambientales manteniendo
los beneficios?
También surgen algunas preguntas
específicas sobre la naturaleza de la
tecnología, en tanto otras cuestionan la
dominación de la agenda de investigación
agrícola por intereses comerciales. La
distribución desigual de los beneficios,
los posibles riesgos ambientales y la
explotación de los recursos genéticos
de las naciones pobres por las ricas
demandan algunas interrogantes más
profundas:
- ¿Quién se beneficia de la
tecnología? Quién pierde?
- ¿Cuáles son las consecuencias
para el ambiente y la salud?
- ¿Cuáles han sido las
alternativas ignoradas?
- ¿A qué necesidades responde la
biotecnología?
- ¿Cómo afecta la tecnología a
lo que se está produciendo, cómo,
para qué y para quiénse está
produciendo?
- ¿Cuáles son las metas sociales
y los criterios éticos que guían
el problema de la elección de la
investigaciónbiotecnologica?
- ¿Biotecnología para lograr qué
metas sociales y agronómicas?
Los mitos de la biotecnología
Las corporaciones de agroquímicos que
controlan la dirección y los objetivos
de la innovación agrícola por medio de
la biotecnología sostienen que la
ingeniería genética mejorará la
sostenibilidad de la agricultura
resolviendo los problemas que afectan al
manejo agrícola convencional y librarán
a los agricultores del tercer mundo de la
baja productividad, la pobreza y el
hambre (Molnar y Kinnucan, 1989;
Gresshoft, 1996). Comparando el mito con
la realidad, la siguiente sección
describe cómo y por qué los avances
actuales de la biotecnología agrícola
no logran tales promesas y expectativas.
Mito 1:
La biotecnología beneficiará a
los agricultores en EE.UU. y del mundo
desarrollado.
La mayoría de las innovaciones en
biotecnología agrícola son motivadas
por criterios económicos más que por
necesidades humanas, por lo tanto la
finalidad de la industria de la ingeniería
genética no es resolver problemas agrícolas
sino obtener ganancias. Más aún, la
biotecnología busca industrializar la
agricultura en mayor grado e intensificar
la dependencia de los agricultores en
insumos industriales, ayudados por un
sistema de derechos de propiedad
intelectual que inhibe legalmente los
derechos de los agricultores a reproducir,
intercambiar y almacenar semillas (Busch
et al., 1990). Al controlar el
germoplasma desde la semilla hasta la
venta y forzar a los agricultores a pagar
precios inflados por los paquetes de
semilla-químicos, las compañías están
dispuestas a obtener el mayor provecho de
su inversión.
Debido a que las biotecnologías
requieren grandes capitales, ellas
continuarán condicionado el patrón de
cambio de la agricultura en los Estados
Unidos, aumentando la concentración de
la producción agrícola en manos de las
grandes corporaciones. Como en el caso de
otras tecnologías que ahorran mano de
obra, al aumentar la productividad, la
biotecnología tiende a reducir los
precios de los bienes y a poner en marcha
una maquinaria tecnológica que deja
fuera del negocio a un número
significativo de agricultores,
especialmente de pequeña escala. El
ejemplo de la hormona de crecimiento
bovino confirma la hipótesis de que la
biotecnología acelerará la desaparición
de las pequeñas fincas lecheras (Krimsky
y Wrubel, 1996).
Mito 2:
La biotecnología beneficiará a
los pequeños agricultores y favorecerá
a los hambrientos y pobres del tercer
mundo.
Si la Revolución Verde ignoró a los
agricultores pequeños y de escasos
recursos, la biotecnología exacerbará aún
más la marginalización porque tales
tecnologías, que están bajo el control
de corporaciones y protegidas por
patentes, son costosas e inapropiadas
para las necesidades y circunstancias de
los grupos indígenas y campesinos (Lipton,
1989). Ya que la biotecnología es una
actividad principalmente comercial, esta
realidad determina las prioridades de qué
investigar, cómo se aplica y a quién
beneficiará. En tanto el mundo carece de
alimentos y sufre de contaminación por
pesticidas, el foco de las corporaciones
multinacionales es la ganancia, no la
filantropía. Esta es la razón por la
cual los biotecnólogos diseñan cultivos
transgénicos para nuevos tipos de
mercado o para sustitución de las
importaciones, en lugar de buscar mayor
producción de alimentos (Mander y
Goldsmith, 1996). En general las compañías
de biotecnología dan énfasis a un rango
limitado de cultivos para los cuales hay
mercados grandes y seguros, dirigidos a
sistemas de producción de grandes
capitales. Como los cultivos transgénicos
son plantas patentadas, esto significa
que campesinos pueden perder los derechos
sobre su propio germoplasma regional y no
se les permitirá, según el GATT,
reproducir, intercambiar o almacenar
semillas de su cosecha (Grupo Crucible,
1994). Es difícil concebir cómo se
introducirá este tipo de tecnología en
los países del tercer mundo de modo que
favorezca a las masas de agricultores
pobres. Si los biotecnólogos estuvieran
realmente comprometidos en alimentar al
mundo, ¿porqué los genios de la
biotecnología no se vuelcan a
desarrollar nuevas variedades de cultivos
más tolerantes a las malezas en vez de a
los herbicidas? ¿O por qué no se
desarrollan productos más promisorios de
biotecnología como plantas fijadoras de
nitrógeno o tolerantes a la sequía?
Los productos de la biotecnología
debilitarán las exportaciones de los países
del tercer mundo, especialmente de los
productores de pequeña escala. El
desarrollo, via biotecnología, del
producto ¨Thaumatin¨ es apenas el
comienzo de una transición a
edulcorantes alternativos que reemplazarán
al mercado del azúcar del tercer mundo
en el futuro (Mander y Goldsmith, 1996).
Se estima que alrededor de 10 millones de
agricultores de caña de azúcar en el
tercer mundo podrían enfrentar una pérdida
de su sustento cuando los edulcorantes
procesados en laboratorio comiencen a
invadir los mercados mundiales. La
fructosa producida por la biotecnología
ya ha capturado cerca del 10% del mercado
mundial y ha causado la caída de los
precios del azúcar, dejando sin trabajo
a cientos de miles de trabajadores. Pero
tal limitación de las oportunidades
rurales no se limita a los edulcorantes.
Aproximadamente 70,000 agricultores
productores de vainilla en Madagascar
quedaron en la ruina cuando una firma de
Texas produjo vainilla en sus
laboratorios de biotecnología (Busch et
al., 1990). La expansión de las palmas
aceiteras clonadas por Unilever
incrementarán de manera sustancial la
producción de aceite de palma con dramáticas
consecuencias para los agricultores que
producen otros aceites vegetales (de maní
en Senegal y de coco en Filipinas).
Mito 3:
La biotecnología no atentará
contra la soberanía ecológica del
tercer mundo.
Desde que el norte se dio cuenta de
los servicios ecológicos que proporciona
la biodiversidad, de los cuales el sur es
el mayor repositorio, el tercer mundo ha
sido testigo de una "fiebre genética",
en la medida en que las corporaciones
multinacionales exploran los bosques,
campos de cultivos y costas en busca del
oro genético del sur (Kloppenburg, 1988).
Protegidas por el GATT, estas
corporaciones practican libremente la ¨biopiratería¨,
la cual cuesta a las naciones en
desarrollo, según la Fundación para el
Avance Rural (RAFI) unos US$4.5 mil
millones al año por la pérdida de regalías
de las compañías productoras de
alimentos y productos farmacéuticos, las
cuales usan el germoplasma y las plantas
medicinales de los campesinos e indígenas
(Levidow y Carr, 1997).
Está claro que los pueblos indígenas
y su diversidad son vistos como materia
prima por las corporaciones
multinacionales, las cuales han obtenido
miles de millones de dólares en semillas
desarrolladas en los laboratorios de EE.UU.
a partir de germoplasma que los
agricultores del tercer mundo mejoraron
cuidadosamente por generaciones (Fowler y
Mooney, 1990).Por el momento, los
campesinos no son recompensados por su
milenario conocimiento, mientras las
corporaciones multinacionales empiezan a
obtener regalías de los países del
tercer mundo estimadas en miles de
millones de dólares. Hasta ahora las
compañías de biotecnología no han
recompensado a los agricultores del
tercer mundo por las semillas que toman y
usan (Kloppenburg, 1988).
Mito 4:
La biotecnología conducirá a la
conservación de la biodiversidad.
Aunque la biotecnología tiene la
capacidad de crear una mayor variedad de
plantas comerciales y de esta manera
contribuir a la biodiversidad, es difícil
que esto suceda. Las estrategia de las
corporaciones multinacionales es crear
amplios mercados internacionales para la
semilla de un solo producto. La tendencia
es formar mercados internacionales
uniformes de semillas (Mac Donald, 1991).
Aún más, las medidas dictadas por las
corporaciones multinacionales sobre el
sistema de patente que prohibe a los
agricultores reusar la semilla que rinde
sus cosechas, afectará las posibilidades
de la conservación in situ y el
mejoramiento de la diversidad genética a
nivel local
Los sistemas agrícolas desarrollados
con cultivos transgénicos favorecerán
los monocultivos que se caracterizan por
niveles peligrosos de homogeneidad genética,
los cuales conducen a una mayor
vulnerabilidad de los sistemas agrícolas
a los estreses bióticos y abióticos (Robinson,
1996). Conforme la nueva semilla
producida por bioingeniería reemplace a
las antiguas variedades tradicionales y a
sus parientes silvestres, se acelerará
la erosión genética (Fowler y Mooney,
1990). De este modo, la presión por la
uniformidad no sólo destruirá la
diversidad de los recursos genéticos,
sino que también romperá la complejidad
biológica que condiciona la
sostenibilidad de los sistemas agrícolas
tradicionales (Altieri, 1994).
Mito 5:
La biotecnología no es ecológicamente
dañina y dará origen a una agricultura
sostenible libre de químicos.
La biotecnología se está
desarrollando para parchar los problemas
causados por anteriores tecnologías con
agroquímicos (resistencia a los
pesticidas, contaminación, degradación
del suelo, etc.) los cuales fueron
promovidos por las mismas compañías que
ahora son líderes de la bio-revolución.
Los cultivos transgénicos desarrollados
para el control de plagas siguen
fielmente el paradigma de los pesticidas
de usar un solo mecanismo de control que
ha fallado una y otra vez con insectos,
patógenos y malezas (NRC, 1996). Los
cultivos transgénicos tienden a
incrementar el uso de los pesticidas y
acelerar la evolución de ¨super malezas¨
y plagas de razas de insectos resistentes
(Rissler y Melion, 1996). El enfoque ¨un
gen resistente - una plaga¨ ha sido
superado fácilmente por las plagas, las
cuales se adaptan continuamente a nuevas
situaciones y evolucionan mecanismos de
detoxificación (Robinson 1997).
Hay muchas preguntas ecológicas sin
respuesta referentes al impacto de la
liberación de plantas y microorganismos
transgénicos en el medio ambiente. Entre
los principales riesgos asociados con las
plantas obtenidas por ingeniería genética
están la transferencia no intencional de
los ¨trangenes¨ a parientes silvestres
de los cultivos y los efectos ecológicos
impredecibles que esto implica(Rissler y
Mellon, 1996).
Por las consideraciones mencionadas,
la teoría agroecológica predice que la
biotecnología exacerbará los problemas
de la agricultura convencional y al
promover los monocultivos también
socavará los métodos ecológicos de
manejo agrícola tales como la rotación
y los policultivos (Hindmarsh, 1991).
Como está concebida, en la actualidad la
biotecnología no se adapta a los ideales
amplios de una agricultura sostenible (Kloppenburg
y Burrows, 1996).
Mito 6:
La biotecnología mejorará el uso
de la biología molecular para beneficio
de todos los sectores de la sociedad.
La demanda por la nueva biotecnología
no surgió como un resultado de demandas
sociales sino de cambios en las leyes de
patentes y los intereses de lucro de las
compañías de químicos de enlazar
semillas y pesticidas. El producto surgió
a partir de los avances sensacionales de
la biología molecular y de la
disponibilidad de capitales aventureros
por arriesgar como resultado de leyes
favorables de impuestos (Webber, 1990).
El peligro está en que el sector privado
está influyendo en la dirección de la
investigación del sector público en una
forma sin precedentes (Kleinman y
Kloppenburg, 1988).
En la medida en que más universidades
e institutos públicos de investigación
se asocien con las corporaciones,
aparecen cuestiones éticas más serias
sobre quién es dueño de los resultados
de la investigación y qué
investigaciones se hacen. La tendencia a
guardar el secreto de los investigadores
universitarios involucrados en tales
asociaciones trae a colación preguntas
sobre ética personal y sobre conflictos
de intereses. En muchas universidades, la
habilidad de un profesor para atraer la
inversión privada es a menudo más
importante que las calificaciones académicas,
eliminando los incentivos para que los
científicos sean responsables ante la
sociedad. Las áreas como el control biológico
y la agroecología, que no atraen el
apoyo corporativo, están sindo dejadas
de lado y esto no favorece al interés público
(Kleinman y Koppenburg, 1988).
Conclusiones
A fines de los 80, una publicación de
Monsanto indicaba que la biotecnología
revolucionaría la agricultura en el
futuro con productos basados en los métodos
propios de la naturaleza, haciendo que el
sistema agrícola sea más amigable para
el medio ambiente y más provechoso para
el agricultor (OTA, 1992). Más aún, se
proporcionarían plantas con defensas genéticas
autoincorporadas contra insectos y patógenos.
Desde entonces, muchas otros han
prometido varias otras recompensas que la
biotecnología puede brindar a través
del mejoramiento de cultivos. El dilema
ético es que muchas de estas promesas
son infundadas y muchas de las ventajas o
beneficios de la biotecnología no han
podido o no han sido hechos realidad.
Aunque es claro que la biotecnología
puede ayudar a mejorar la agricultura,
dada su actual orientación, la
biotecnologia promete mas bien daños al
medio ambiente, una mayor industrialización
de la agricultura y una intrusión mas
profunda de intereses privados en la
investigación del sector público. Hasta
ahora la dominación económica y política
de las corporaciones multinacionales en
la agenda de desarrollo agrícola ha
tenido éxito a expensas de los intereses
de los consumidores, campesinos, pequeñas
fincas familiares, la vida silvestre y el
medio ambiente.
Es urgente para la sociedad civil
tener y una mayor participación en las
decisiones tecnológicas para que el
dominio que ejercen los intereses
corporativos sobre la investigación
científica sea balanceado por un control
público más estricto. Las
organizaciones públicas nacionales e
internacionales tales como FAO, CGIAR,
etc., tendrán que monitorear y controlar
que los conocimientos aplicados no sean
propiedad del sector privado para
proteger que tal conocimiento continúe
en el dominio público para beneficio de
las sociedades rurales. Debe
desarrollarse regímenes de regulación
controlados públicamente y emplearlos
para monitorear y evaluar los riesgos
sociales y ambientales de los productos
de la biotecnología (Webber, 1990).
Finalmente, las tendencia hacia una
visión reduccionista de la naturaleza y
la agricultura promovida por la
biotecnología contemporánea debe ser
revertida por un enfoque más holístico
de la agricultura, para asegurar que las
alternativas agroecológicas no sean
ignoradas y que sólo se investiguen y
desarrollen aspectos biotecnologicos ecológicamente
aceptables. Ha llegado el momento de
enfrentar efectivamente el reto y la
realidad de la ingeniería genética.
Como ha sido con los pesticidas, las
compañías de biotecnología deben
sentir el impacto de los movimientos
ambientalistas, laborales y campesinos de
modo que reorienten su trabajo para el
beneficio de toda la sociedad y la
naturaleza. El futuro de la investigación
con base en la biotecnología estará
determinado por relaciones de poder y no
hay razón para que los agricultores y el
público en general, si se le da
suficiente poder, no puedan influir en la
dirección de la biotecnología cosa que
cumpla con las metas de la sostenibilidad.
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