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LOS PELIGROS DE LA INGENIERIA GENETICA
Carmelo Ruiz Marrero
Diciembre de 1999
¿Qué dicen los científicos?
No toda la comunidad científica apoya la
ingeniería genética. Hay un sector sustancial dentro de ésta
que
expresa reservas y dudas acerca de los méritos y beneficios
de la manipulación de genes, y en las
organizaciones y movimientos de oposición a la biotecnología
no hay escasez de científicos con
impresionantes credenciales.
Quien tenga la menor duda de esto debería
leer una carta abierta internacional que ha circulado por
meses, firmada ya por sobre 140 científicos de 27 países, en
la que piden que se suspenda la liberación
de organismos genéticamente alterados al ambiente por cinco años
y que en ese período se someta esta
tecnología a una investigación pública e independiente que
tome en consideración sus aspectos éticos y
socioeconómicos, al igual que los más recientes hallazgos
científicos.
Dice la carta abierta, titulada World
Scientists' Statement Calling for a Moratorium on GM Crops and a
Ban on Patents, que "estamos extremadamente preocupados"
por la liberación y comercialización de
granos y alimentos transgénicos en vista de la creciente
evidencia del peligro que esto representa a
la biodiversidad, la seguridad del consumidor y a la salud de
humanos. Los científicos firmantes establecen
categóricamente que "ni la necesidad ni los beneficios
de la ingeniería genética han sido probados" y que
existe "nueva evidencia científica que nos ha convencido
de la necesidad de una moratoria inmediata"
contra la liberación de organismos transgénicos al ambiente.
La declaración afirma que hay "serias
dudas sobre lo seguros que son los alimentos transgénicos"
debido a
los resultados de experimentos recientes realizados con
animales como sujetos. Se hace referencia
específica a experimentos en los que se le alimentó papas
genéticamente alteradas a ratas. Como resultado,
las ratas sufrieron pérdidas anormales de peso y serios daños
a sus sistemas inmunológicos. Este es
sólo uno de numerosos experimentos de este tipo que han
tenido resultados inesperados y alarmantes.
Los firmantes hasta cuestionan la validez
científica de la ingeniería genética: "La tecnología es
impulsada
por una ciencia genética determinista obsoleta que presume
que los organismos son determinados
simplemente por genes constantes e inertes que pueden ser
manipulados arbitrariamente para servir nuestras
necesidades, mientras que descubrimientos científicos hechos
en los últimos veinte años han invalidado todas
las premisas del determinismo genético."
Este importante documento puede ser accesado
en:
http://www.twnside.org.sg/souths/twn/title/world-cn.htm
Paradigma obsoleto
Este último punto es esencial para entender
los peligros de la manipulación de genes. El discurso
científico reduccionista, que es el que domina el debate
sobre la biotecnología, postula que el gen es
un portador de información libre de contexto. Según la
biología reduccionista, un gen determina una
característica particular de un organismo y puede ser
trasladado a otro organismo totalmente distinto (por
ejemplo, trasladar genes humanos a una planta o viceversa)
para que éste manifieste entonces esa misma
característica. Sin embargo, los más recientes datos científicos
dan al traste con ese determinismo genético.
El efecto biológico de un gen puede cambiar
drásticamente cuando éste es cambiado de ambiente; es
decir cuando mediante las técnicas de ingeniería genética
éste es insertado en la cromosoma de un
organismo de una especie distinta. En el libro Biopolitics: A
Feminist and Ecological Reader on
Biotechnology (Zed Books, 1995), la bióloga alemana Regine
Kollek menciona que hay una proteína que se
encuentra en una especie de mosca que regula un pigmento que
tiene que ver con la visión. Pero la
misma proteína en los mamíferos regula el desarrollo de las
células del sistema inmunológico. La misma
proteína, pero con dos funciones totalmente distintas,
dependiendo del organismo en que esté. "Esto significa
que una enzima (y su gen relevante) puede influenciar fenómenos
biológicos muy diferentes con relevancia
ecológica distinta, dependiendo del contexto genético,
celular o filogenético en que se encuentre", explica
Kollek, quien es miembro de la junta directiva del Instituto
Alemán de Tecnología Aplicada.
La función biológica de un gen no es
determinada meramente por su secuencia de ácidos nucléicos, ni
la
de una proteína solamente por su secuencia de aminoácidos.
Estas no son solamente determinadas por
el contexto celular, sino también por la localización del
gen en la cromosoma. Dice Kollek que "estudios
genéticos de la mosca Drosophila han mostrado que existe una
relación concreta entre el arreglo espacial
del material genético y su actividad funcional."
Kollek sugiere que no está fuera de lugar
suponer que la secuencia cronológica de la activación de un gen
es
influenciada por su localización en la cromosoma, y que por
lo tanto la descripción bioquímica de los
genes debe ser complementada con un entendimiento de factores
espaciales y temporales.
La ingeniería genética no toma en
consideración estos factores espaciales y temporales. Cuando se
usan las
técnicas de la biotecnología para trasladar un gen de un
organismo a otro, éste es insertado en el ADN del
organismo receptor en una localización en el genoma escogida
al azar. Dado que la función de un gen es
determinada en gran parte por su localización y contexto, y
que la transferencia artificial de genes
es un proceso esencialmente azaroso, no es irrazonable deducir
que la ingeniería genética puede tener
consecuencias impredecibles y potencialmente peligrosas. Además,
hacer cosas al azar no es ciencia.
"Estos descubrimientos demuestran que un
enfoque reduccionista y determinista, según el cual el ADN es
la única fuerza motriz de los procesos celulares y de
desarrollo, no es suficiente para explicar de manera
adecuada la transmisión de información biológica, ni es
capaz de describir completamente el fenotipo de una
célula u organismo", dice Kollek, quien añade que si
los genes trabajaran independientemente de contexto
alguno, no habría manera de explicar cómo los organismos
desarrollan características nuevas e
inesperadas mediante el proceso evolutivo.
Mae-Wan Ho, directora del laboratorio de bio-electrodinámica
de la Open University de
Inglaterra y catedrática de la US National Genetics
Foundation; Joe Cummins, Profesor Emérito de Genética
de la University of Western Ontario; y Hartmut Meyer, miembro
del Grupo de Trabajo sobre Biodiversidad de
Alemania, hicieron trizas con el determinismo-reduccionismo
genético en el que se basa
la biotecnología en un artículo informativo publicado en la
revista inglesa The Ecologist el año pasado.
Los tres autores enumeran las siguientes premisas de la ingeniería genética:
· Los genes determinan las características
del organismo en secuencias de causalidad lineales,
· Los genes no están sujetos a influencias del ambiente
exterior,
· Los genes son estables y constantes, · Los genes se
mantienen dentro del organismo y de ahí
no se mueven.
Ellos argumentan que estas cuatro premisas son
completamente falsas y sostienen que "los genes nunca
trabajan en aislamiento, sino en una red genética
extremadamente complicada. La función de cada gen es
dependiente del contexto de todos los demás genes en el
genoma. Un mismo gen puede tener efectos muy
distintos de individuo a individuo... Si un gen se transfiere
a otra especie, es probable que vaya a
tener efectos nuevos e impredecibles." Los tres autores
plantean que la red genética de una célula es
influenciada por varias capas de retroalimentación de la
fisiología del organismo y de la relación de éste
con el ambiente externo. Además, los procesos de
retroalimentación pueden no solamente cambiar la
función de los genes, sino también rearreglarlos, mutarlos,
hacer copias de ellos y hasta moverlos. Y
encima de todo eso, los genes pueden moverse de un organismo a
otro mediante un proceso conocido como
transferencia horizontal.
"El nuevo retrato del gen es
diametralmente opuesto a la vieja visión estática y
reduccionista", dicen Ho,
Cummins y Meyer. "El gen tiene una ecología muy
complicada que consiste de niveles interconectados en
el genoma, la fisiología del organismo y su ambiente externo.
Poner un gen nuevo en un organismo creará
disturbios que se pueden propagar hacia el ambiente exterior.
Consecuentemente, cambios en el ambiente
serán transmitidos hacia adentro y pueden alterar los genes
mismos."
Contaminación biológica
Christine von Weizsacker, bióloga alemana
especializada en evolución, sostiene que la ingeniería
genética es peligrosa porque rompe barreras geográficas y
genéticas que cumplen importantes
funciones ecológicas. Según Von Weizsacker, quien posee un
doctorado en biología y es miembro del Comité
Ejecutivo de la Fundación Heinrich Boll, el aislamiento por
razones de geografía o genética evita
que todos los organismos se vean forzados a participar en una
brutal carrera de eliminación en la que sólo
los más aptos sobrevivirían.
El verdadero peligro no es que los organismos
transgénicos resulten ser no aptos para sobrevivir. Al
contrario, el peligro es que sean demasiado aptos para la
supervivencia y se reproduzcan tan prolíficamente
que desplacen a los organismos no transgénicos, causando así
un descalabro ecológico. A través de la
historia se han dado un sinnúmero de casos en que especies exóticas,
ya sean plantas o animales, han
sido introducidas por humanos en ecosistemas foráneos,
intencional o accidentalmente, con resultados
ecológicamente desastrosos.
Este riesgo es discutido exhaustivamente en un
documento titulado Manual for Assessing Ecological and
Human Health Effects of Genetically Engineered Organisms,
escrito por el Scientists' Working Group on
Biosafety, un equipo de once científicos trabajando bajo los
auspicios del Edmonds Institute.
Este manual se puede accesar en:
http://www.edmonds-institute.org/manual.html
El equipo, que incluye al profesor Philip
Regal, del Departamento de Ecología de la Universidad de
Minnesota; la doctora Elaine Ingham, profesora del
Departamento de Botánica y Patología de Plantas de la
Oregon State University; y la doctora Deborah Letourneau,
profesora del Departamento de Estudios
Ambientales de la Universidad de California, plantea que
"La experiencia pasada de introducciones
intencionales de especies no nativas ha demostrado que a
menudo efectos imprevistos ocurren, a veces mucho
tiempo después de la introducción inicial, y que éstos
pueden ser bastante dañinos para los ecosistemas
recipientes y para el bienestar humano". Recordemos los
efectos dañinos de la introducción de la mangosta
y el sapo toro en Puerto Rico, de cabras y cerdos en la isla
de Mona, y la plaga de abejas africanizadas
que aqueja este hemisferio.
Los autores de este manual argumentan que si
organismos no transgénicos han causado desastres al
ser trasladados fuera de sus ecostistemas nativos, entonces
debemos presumir que los transgénicos pueden
causar daños iguales o peores.
De cualquier modo, cuando el ser humano
interviene en el proceso evolutivo mediante la manipulación de
genes
entonces son los humanos, y no el proceso Darwiniano de
selección natural, los que deciden qué organismos
son los más aptos para sobrevivir. ¿Cómo se determinará qué
organismo es "más apto", y bajo qué
criterios? ¿A quién se le delegará la autoridad para
determinar eso? ¿Al gobierno de Estados Unidos? ¿A la
ONU? ¿A la corporación Dupont? ¿A Monsanto? ¿O se lo
dejamos a la benévola "mano invisible" del libre
mercado?
"La 'diversidad' de estrategias
corporativas y la diversidad de organismos en este planeta no son
la
misma cosa", dice la físico Vandana Shiva, autora de
varios libros y ganadora del Premio Nobel Alternativo
(Right Livelihood Award) de 1993. "La competencia entre
corporaciones apenas se puede concebir como un
sustituto para la creación de diversidad genética en la
naturaleza mediante la evolución."
Un argumento falaz
Uno de los argumentos más comunes en favor de
la ingeniería genética es que esta tecnología realmente
no tiene nada de nuevo. Nos dicen que la agricultura en sí (que
la hemos practicado por doce mil años,
según la evidencia arqueológica) es una forma de manipulación
genética, ya que en ésta se recurre a la
selección artificial para crear en generaciones sucesivas,
mejores animales domésticos y plantas de
más rendimiento nutritivo.
Pero ese argumento no tiene base científica.
El proceso de selección artificial, que se ha usado por
miles de años para desarrollar, por ejemplo, vacas que den más
leche o plantas de trigo o arroz que rindan
más, no tiene nada que ver con la ingeniería genética, en
la que se mueven genes de una especie a otra
especie totalmente distinta en un solo paso. La diferencia
cualitativa y cuantitativa es enorme. El
desarrollar a través de los siglos mejores variedades de
arroz es totalmente distinto de insertar en el
código genético del arroz genes de maíz, guayaba, de algún
pez o insecto o bacteria, o de cualquier
combinación de genes foráneos.
El proceso de selección artificial toma lugar
a través de años, siglos y milenios, lo cual da tiempo al
ecosistema a acostumbrarse a las nuevas variedades y viceversa.
Además, ésta se da entre organismos de un
estrechísimo parentesco. Estos dos factores amortiguan
grandemente el impacto ecológico que puedan tener los
productos de la selección artificial.
¿Qué ocurrirá cuando incluyan en nuestros
alimentos genes de organismos que nunca antes han estado en la
dieta humana? ¿Qué propiedades alergénicas tendrán?
¿Qué podrá hacer un doctor por un paciente que sufre
de una violenta alergia causada por un tomate transgénico que
consumió? El doctor probablemente no
podrá hacer nada en lo absoluto, ya que los alimentos transgénicos
no están etiquetados. Esto se debe a que
el gobierno de Estados Unidos ha determinado, de manera dogmática
y sin debate público, que los
organismos transgénicos no son un riesgo, y por lo tanto al
consumidor no se le tiene que notificar nada.
De hecho, la administración Clinton ha llegado al extremo de
amenazar a países extranjeros con sanciones
económicas si se atreven a etiquetar granos transgénicos
importados de Estados Unidos.
Una tecnología intrínsecamente peligrosa
Para entender lo intrínsecamente peligrosa
que es esta nueva tecnología es necesario saber lo que es la
transferencia horizontal de genes, que es el proceso mediante
el cual se transfieren genes de un organismo
a otro- aparte del proceso reproductivo. Existen agentes
naturales que llevan a cabo transferencia
horizontal, como los viruses y pedazos de material genético
parasítico. Estos agentes naturales se meten
en una célula y usan los recursos de ésta para producir réplicas
de sí mísmos, o para meterse en su
genoma y así viajar de gratis a lo largo del proceso
evolutivo. La acción de estos agentes naturales está
limitada por barreras de especie, queriendo decir que un virus
de cerdo no ataca a un humano y un virus de
coliflor no ataca a tomates.
La ingeniería genética se dedica
precisamente a echar abajo estas barreras de especie y crear
procesos
artificiales de transferencia horizontal. Para lograr esto,
los biotecnólogos crean vectores artificiales
(portadores de genes) combinando partes de los agentes
naturales más infecciosos, neutralizando sus funciones
patógenas, y diseñándolos para que penetren barreras de
especie. Los genes a ser trasplantados (transgenes)
viajan como pasajeros en estos vectores. Los vectores entonces
insertan los transgenes en la célula
receptora de la misma manera que lo haría un virus con su
material genético.
A los transgenes se les añaden dispositivos
moleculares conocidos como promotores o enhancers, que
amplifican la expresión de genes. Esto significa, por ejemplo,
que si se transfiere un transgen para la
producción de una proteína particular a las células de un
organismo receptor, el organismo receptor
transgénico no sólo producirá esa proteína, sino que la
producirá en cantidades extraordinarias. A los
transgenes también se les añaden genes marcadores, que
sirven para decirle a los bioingenieros si la
transferencia fue exitosa. Estos genes marcadores son
usualmente genes de resistencia a antibióticos.
Esto significa que prácticamente todos los
organismos transgénicos son a prueba de antibióticos o tienen
el
potencial de serlo, lo cual tiene enormes implicaciones para
la salud pública. La carta abierta
firmada por sobre 140 científicos de 27 países mencionada en
la primera parte de este artículo
advierte sobre este peligro. El documento se refiere a
investigaciones realizadas en Holanda que demostraron
que genes marcadores de resistencia a antibióticos ubicados
en bacterias transgénicas pueden ser
transferidos a bacterias no transgénicas, y a investigaciones
realizadas en Estados Unidos cuyos
resultados han causado "serias preocupaciones sobre la
proliferación horizontal descontrolada de transgenes y
de genes marcadores de plantas transgénicas".
La doctora Mae-Wan Ho, directora del
laboratorio de bio-electrodinámica de la Open University de
Inglaterra y catedrática de la US National Genetics
Foundation, sostiene que hay evidencia abrumadora
("overwhelming evidence") de que la transferencia
horizontal artificial de la ingeniería genética es
responsable de la creación de nuevos patógenos virales y
bacteriales resistentes a antibióticos. Ho observa
que estos nuevos microorganismos han aparecido en los últimos
20 años, lo cual coincide con el desarrollo de
la ingeniería genética a nivel comercial.
Recomiendo que lean la monografía de la
doctora Ho:
http://www.twnside.org.sg/souths/twn/title/maew-cn.htm
Los promotores virales anteriormente
mencionados también son un peligro. Prácticamente todas las
plantas transgénicas contienen un promotor, o enhancer, que
es tomado de un virus de coliflor
conocido como CaMV. El CaMV es pariente cercano del virus que
causa hepatitis B en humanos y para colmo es
también pariente, aunque no tan cercano, del VIH. "Es un
gen potencialmente peligroso", dice el doctor
Joseph Cummins, Profesor Emérito de Genética en la
University of Western Ontario. El CaMV, explica
Cummins, "es un pararetrovirus, lo cual significa que se
multiplica haciendo ADN de mensajes de ARN (ácido
ribonucléico)". Según el profesor, el uso de viruses
modificados en la ingeniería genética puede causar
hambruna destruyendo cosechas de granos o puede crear
enfermedades de tremendo poder destructivo. Todos los
organismos tienen en su genoma viruses en forma durmiente que,
según la doctora Ho, pueden ser
reactivados por transgenes con promotores virales.
¿Pueden los transgenes, promotores virales y
genes marcadores escaparse a otras especies? Los defensores
de la biotecnología dicen que no hay de qué preocuparnos
porque siempre ha existido la
transferencia horizontal en la naturaleza y que existen
barreras de especie que evitarán cualquier
sorpresa desagradable. Pero la ingeniería genética se dedica
precisamente a romper esas barreras de especie
con métodos cada vez más sofisticados. La Carta Abierta de
científicos afirma que los transgenes en
una planta genéticamente alterada son 30 veces más propensos
a escapar que sus genes naturales.
Existe además evidencia abundante que indica
que los fragmentos de ADN que escapan de células vivas o
muertas no se descomponen rápidamente, sino que pueden
quedarse pegados a partículas de barro o arena y así
infectar microorganismos en el suelo. El ADN tampoco se
descompone fácilmente en los intestinos de
animales. Las bacterias en el intestino humano pueden absorber
el material genético de alimentos
transgénicos, incluyendo marcadores de resistencia a antibióticos.
Para colmo, las células mamíferas pueden
absober ADN foráneo. La doctora Ho menciona experimentos con
ratas
en los que se encontró que grandes fragmentos de ADN viral
entraron por el tubo digestivo y en lugar de
descomponerse, entraron en la sangre y acabaron absorbidos por
células del bazo y el hígado. En vista
de estos hechos científicamente comprobados, no está mal
especular que el ingerir alimentos transgénicos
nos puede convertir en organismos transgénicos. Pero hay más.
En los experimentos mencionados, las ratas
pasaron el ADN foráneo a sus descendientes. ¿Significa esto
que los alimentos transgénicos podrían cambiar el
código genético humano permanentemente? A cualquier biólogo
prudente le debería preocupar esa posibilidad.
Semillas estériles
Hace varios meses reseñé en el periódico
Claridad uno de los "brillantes" inventos de la
industria
biotecnológica: la semilla estéril, conocida por grupos
activistas alrededor del mundo como la
"tecnología exterminadora". Esta tecnología,
cortesía de Monsanto, hace que las plantas agrícolas rindan
semillas que no se reproducen, forzando así a los
agricultores a tener que comprar semillas todos los
años. Mi artículo sobre el tema lo pueden accesar en:
http://www.earthsystems.org/list/eco-isla/0750.html
También recomiendo este artículo informativo
escrito
por Chakravarthi Raghavan:
http://www.twnside.org.sg/souths/twn/title/newpa-cn.htm
Los que promueven esta tecnología sostienen
que eso no es ningún problema, ya que eso evita que transgenes
potencialmente peligrosos se rieguen mediante transferencia
horizontal. ¿Están tan seguros de eso?
Martha L. Crouch, profesora asociada de biología
de la Universidad de Indiana, advierte que bajo ciertas
condiciones, las plantas con la tecnología exterminadora
pueden tener efectos desastrosos sobre
el medio ambiente. En una monografía distribuida por el
Edmonds Institute, Crouch explica en detalle cómo
funciona la tecnología exterminadora y explica también las
maneras en que ésta se puede salir de control.
¿Qué pasará con los pájaros, insectos, hongos y bacterias
que consuman estas semillas transgénicas?
¿Quién podrá asegurar que estas semillas tendrán las
mismas propiedades nutritivas que las semillas
normales? ¿Serán aptas para el consumo humano? Estas
preguntas no han sido respondidas hasta hoy día.
Crouch termina su informe con las siguientes
palabras: "Estoy segura que habrá otros problemas que nadie
puede prever o imaginarse. Pero a mi juicio, los problemas
biológicos potenciales que presenta la
tecnología exterminadora son pequeños en comparación con
sus ramificaciones económicas, sociales y
políticas.
Pueden accesar la monografía de Crouch
en la siguiente localización:
http://www.edmonds-institute.org/crouch.html
La "objetividad" científica
Esto inevitablemente nos lleva discutir el
concepto de riesgo. No podemos caer en la trampa de cuantificar
los peligros de la biotecnología en aras de una supuesta
objetividad científica. El riesgo no es una
cosa que se pueda medir cuantitativamente con una vara métrica,
por científicos apolíticos y neutrales. Cada
grupo social define los riesgos de acuerdo a su visión de
mundo. Aún en la selección de los conceptos que
figuran en estudios de alto contenido técnico hay valores éticos
y morales envueltos. El concepto de
riesgo no se puede aislar del ámbito político y ético.
El determinar cuales riesgos son aceptables y cuales no lo son
no se puede dejar en manos de corporaciones
transnacionales, élites de científicos o autodenominadas
vanguardias "izquierdistas". Tales
decisiones conciernen a la humanidad entera, ya que se trata
de decisiones sobre qué clase de sociedad
queremos crear y en qué clase de mundo queremos vivir.
También es necesario examinar críticamente
la supuesta objetividad de la ciencia. En su ensayo "Critical
Communities and Discourses on Modern Biotechnology",
Ingunn Moser sostiene que "la ciencia y la tecnología
han sido percibidas como medios incuestionablemente
progresistas, necesarios y neutrales para alcanzar
objetivos indiscutibles, como progreso, desarrollo y
crecimiento". Moser, quien es catedrática del Centro
de Tecnología y Cultura de la Universidad de Oslo, plantea en
su análisis que la creencia de que la
tecnología es la solución para nuestros problemas políticos
y ecológicos está tan arraigada en la
mentalidad occidental que los desastres sociales y ambientales
causados por tecnologías nuevas apenas son
analizados adecuadamente y son echados en un hoyo Orwelliano.
Según el discurso dominante, la ciencia y la
tecnología modernas se rigen por su propia dinámica y
lógica internas. La libertad académica, la lógica, el método
experimental y la argumentación racional se
supone que aseguren que el mejor argumento gane y así se
adelanten los intereses universales de la
humanidad. La investigación científica es independiente de
contextos sociales y culturales- dice
este discurso- y es objetiva, universal y superior a todas las
demás formas de conocimiento. Todo lo demás
es subjetividad, oscurantismo y superstición.
Pero Moser advierte que "Las
instituciones que producen conocimiento en las sociedades
modernas ya no
pueden ser miradas de manera ingenua como enclaves o capullos
para la investigación distanciada y
desinteresada de un mundo que está "allá afuera".
La investigación moderna no toma lugar en torres de
marfil elevadas y aisladas, donde investigadores ubicados a
una cómoda distancia de los problemas
cotidianos y conflictos de interés miran hacia la realidad y
enuncian sus juicios "objetivos"."
También son oportunas las palabras de la físico
Vandana Shiva: "En períodos de rápida transformación
tecnológica, se presume que la sociedad y la gente deben
ajustarse al cambio, en lugar de ser el cambio
tecnológico el que se deba ajustar a los valores sociales de
igualdad, sustentabilidad y
participación."
"Lo que se estudia en el laboratorio bajo
condiciones experimentales no es la naturaleza como tal, sino
partes y aspectos específicos de ésta que se pueden estudiar
o probar bajo condiciones de laboratorio
específicas", plantea la bióloga alemana Regine Kollek.
"Lo que aprendemos en experimentos de
laboratorio no representa conocimiento sobre la naturaleza,
sino conocimiento sobre una naturaleza
experimentalmente manipulada. Diferentes métodos describen el
objeto de estudio desde perspectivas
distintas y así producen diferentes imágenes de la realidad.
Las respuestas que recibimos dependen de las
preguntas que hacemos."
El criticar la biotecnología no
constituye oposición a la ciencia y la tecnología. El reto es
poner la
ciencia y la tecnología bajo controles democráticos, aunque
eso no sea del agrado de algunos científicos
empeñados en hacer lo que quieran, sin considerar las
consecuencias sociales y ecológicas, en nombre de una
supuesta libertad científica.
Carmelo Ruiz Marrero es un periodista
puertorriqueño y catedrático del Instituto de Ecología Social
en
Vermont, Estados Unidos. Puede ser contactado en:
carmelo_ruiz@yahoo.com
RECURSOS:
Libros:
"Gene Wars: The Politics of Biotechnology" Kristin
Dawkins. Seven Stories Press, 1997.
"Biopolitics: A Feminist and Third World Reader on
Biotechnology" Ingunn Moser y Vandana Shiva, editoras.
Incluye ensayos de Regine Kollek, Christine von
Weizsacker, Cary Fowler, Henk Hobbelink y Nicanor
Perlas. Zed Books, 1995.
"Biopiracy: The Plunder of Nature and Knowledge"
Vandana Shiva. South End Press, 1997.
Revistas:
Biodiversidad. Publicado por la Red de Ecología Social
de Amigos de la Tierra en Uruguay. Defensa 1684,
Montevideo. biodiv@redes.org.uy
Seedling. Publicación en inglés de GRAIN.
Páginas de Internet:
Rural Advancement Foundation International:
http://www.rafi.ca
Genetic Resources Action International:
http://www.grain.org/index.htm
Edmonds Institute: http://www.edmonds-institute.org
Third World Network:
http://www.twnside.org.sg/souths/twn/bio.htm ,
http://www.twnside.org.sg/souths/twn/title/focus8-cn.htm
New England Resistance Against Genetic
Engineering:
http://www.bckweb.com/nerage/home.html
Institute for Agriculture and Trade Policy:
http://www.sustain.org/biotech
BioDemocracy and Organic Consumers Association:
http://www.purefood.org/index.htm
Más enlaces: http://www.bckweb.com/nerage/links.htm
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