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UN
NUEVO ORDEN ECOLOGICO MUNDIAL
Leonardo Boff
La crisis de
sustentabilidad de la vida a nivel mundial se agravó de tal
forma, que nos obliga inmediatamente a tomar decisiones de cara a
la acción. Pero no de cualquier manera. Lo cierto es que los
plazos se tornan cada vez mas cortos. Es como un avión en la
pista de despegue, cuando alcanza el punto crítico de no-retorno.
O se levanta el vuelo y sigue su curso. O no consigue alzar el
vuelo y se aplasta en las piedras.
Se
presentan tres escenarios. O el actual paradigma de la sociedad
depredadora de la naturaleza continúa, con agravamiento de todas
las contradicciones sociales y ecológicas, o las sociedades
humanas se dan cuenta del creciente déficit de la Tierra
que se manifiesta en la degradación general de la calidad de la
vida, en la injusticia societaria y ecológica y, entonces, se
muestran mínimamente solidarias; inventando tecnologías mejor
hechas y formas de desarrollo social para todos y para la propia
naturaleza, o tienen la sabia audacia de dar el paso rumbo a un
nuevo paradigma de relaciones benevolentes para con la naturaleza,
de una nueva comprensión de la Tierra como super organismo vivo
de los seres humanos como hijos e hijas del Planeta, organizados
en una democracia socioeconómicamente dentro de un nuevo patrón
de desarrollo con la naturaleza y nunca en contra de ella, y de
esta manera, poder inaugurar una nueva esperanza para el planeta
Tierra y un nuevo orden mundial.
El primer
escenario, conservador representa la tendencia actual de los años
90. El neoliberalismo globalizado muestra escasa sensibilidad por
el drama mundial de los pobres. Es capaz de ser homicida y
etnocida. Y puede revelar ahora su rostro de ecocida. El segundo
escenario, reformista, se sitúa dentro de la matriz moderna,
pero procura minimizar los efectos no deseados con la introducción
de técnicas menos contaminantes y más equidad social. El
tercer escenario liberador, representa la real alternativa.
Implica un profundo cambio de nuestra civilización, en el caso
de que queramos vivir colectivamente. La gravedad de la situación
nos impide la timidez. Precisamos buscar nuevos caminos. Sin eso
no hay salvación para la comunidad planetaria. En
primer lugar, es necesario mantener viva la perspectiva de
globalidad. No hay más soluciones regionales. Ni hay Arca de Noé
que salve a algunos y deje perder a los demás. O nos salvamos
todos, o todos nos perderemos.
En segundo
lugar, importa que caminemos en dirección de una democracia ecológico-social
planetaria. La democracia puede y debe ser vivida en todas las
instancias donde las personas se relacionan en la familia, en la
escuela, en las asociaciones de la sociedad civil, en las
iglesias y en la propia sociedad.
En la
democracia social deben realizarse las exigencias de una ecología
social. La agresión que se hace al ser humano a causa de la
explotación de su fuerza de trabajo y de las condiciones de Vida
a la que está sometido representa una agresión a la naturaleza.
El ser de la creación al que menos se le hace justicia. No son
ballenas, o el oso panda de China, sino pobres del mundo,
condenados a morir antes de tiempo, o los pueblos en extinción,
como los caiapós y los yanomanis del Brasil,entre otros. De
allí la razón impostergable de la opción por los pobres. En
una perspectiva de la ecología social, esta opción incluye
también una opción por las especies más amenazadas de
exterminio (solamente en la Amazonia están amenazadas 50.000
especies hasta el final del milenio). En
esta democracia ecológico-social, ciudadanos no son solamente
los humanos, sino todos los seres que componen el mundo humano-social.
La democracia se abre entonces hacia una biocracia, hacia una
cosmocracia. Por lo tanto, todos los seres de la naturaleza son
ciudadanos sujetos de derechos, de respeto y veneración. De ello
deriva una exigencia política de una educación ecológica, que
inicie a los seres humanos a convivir con sus hermanos y hermanas
cósmicos en una misma sociedad. El día en que prevalezca esta
democracia ecológico-social planetaria se habrán creado las
condiciones para la alianza de fraternidad con la naturaleza. En
tercer lugar, se debe redefinir el sentido de la política y la
economía. Política, tiene que ver con la convivencia humana, la
búsqueda y la realización del bien común. El bien común hoy,
no es sólo humano. Es bien común de toda la naturaleza. Incluye
el derecho al futuro que todos los seres deben tener. Más que
una técnica del poder, es un arte sinergética de crear
continuamente convergencias en la diversidad, el arte de hacer
posible lo imposible. Es la práctica amorosa de la creación de
las condiciones de vida y dignidad para todos los seres. La
economía debe ser una economía ecológica. ¿Cómo podría ir
bien la economía, si la Tierra va mal? El propósito de la
economía ecológica es la de hacer sintonizar la economía de la
Tierra con la economía de los seres humanos, apuntando a la
sustentabilidad y a la calidad de vida mundial, de las personas y
de los demás seres de la naturaleza; eso significa realizar
justicia para la generación presente y también a la futura,
porque va a heredar una sociedad y una naturaleza sustentable. Lo
que decimos de la economía ecológica debe ser dicho de la
ecoagricultura. El objetivo de ella no es sacar el máximo
provecho humano de la potencialidades que el ecosistema presenta.
El objetivo es crear más vida, más fertilidad en el suelo y más
sustentabilidad del ambiente. Nada más antiecológico y
antinatural, que la monocultura.
Leonardo Boff
Fuente: Revista Alter
Natura
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