Prensa
Expreso, 17
4-00, Lima, Perú
Ambientalistas versus industriales
Alimentos
transgénicos: ¿avance o peligro para la salud pública?
El consumo de productos manipulados puede incrementar el riesgo
de contraer cáncer, advierten expertos
En
Estados Unidos y Europa, los alimentos transgénicos son el
centro de un debate que enfrenta a científicos, ambientalistas e
industriales. Algunos alegan que no se ha evaluado su potencial
efecto nocivo en los seres humanos; otros, que son el producto de
meticulosas investigaciones dirigidas a beneficiar al consumidor.
Nuestro país no es ajeno a esa polémica.
El debate se remonta a 1982. En ese año se realizaron las
primeras pruebas para modificar genéticamente determinados
productos vegetales de consumo humano.
Como ha ocurrido en casos similares, los nuevos cultivos
motivaron la protesta de diversas organizaciones ecologistas y de
defensa de los derechos del consumidor.
Pero, ¿qué son los alimentos transgénicos? Sus promotores
explican que no son otra cosa que productos desarrollados en base
a semillas que fueron modificadas genéticamente para hacerlas más
resistentes a ciertas plagas, más productivas y, los productos,
más presentables a los ojos del consumidor.
Bajo este sistema, en la actualidad tenemos que alimentos como el
tomate, la soya el maíz y las papas, han sido mejorados mediante
la inserción de bacterias y virus para hacerlos más resistentes
a agentes nocivos.
La tecnología, al parecer, está puesta al servicio del hombre
para elevar el nivel de productividad de las tierras de cultivo y
la calidad de los frutos, pero sus detractores hacen severas
advertencias sobre las consecuencias de ingerir productos
manipulados genéticamente.
Al alegar que la manipulación de genes puede tener efectos
negativos en la salud humana, las organizaciones ecologistas
exigen a los organismos competentes el etiquetado de los
productos que sean producto de esas semillas.
Sólo así la población podrá decidir si desea consumir
alimentos transgénicos o si prefiere seguir consumiendo otro
tipo de alimentos.
Estados Unidos
Pero, pese a la controversia originada por utilizar ese tipo de
tecnología en la producción de cultivos para el consumo humano,
el crecimiento de la industria transgénica no se ha detenido
sino todo lo contrario: se multiplicó.
Sólo en Estados Unidos, en 1998, se cultivaron unas 20 millones
de hectáreas de alimentos transgénicos.
De esa manera, ese país se convirtió en el principal productor
de cultivos desarrollados con organismos genéticamente mejorados,
debido a que la cifra de hectáreas que se cultivó en ese año
fue de 28 millones en todo el mundo.
Adoptados mayoritariamente por los agricultores de Estados Unidos
de Norteamérica, así como de China, Canadá y Argentina, entre
otros países, estos alimentos inundaron el mercado sin poseer un
respaldo científico adecuado que precise si son saludables o,
por lo menos, inofensivos para la salud.
Por otro lado, algunos gobiernos, con la excepción de
importantes países de Europa, están de acuerdo con la innovación
tecnológica al considerarla como una solución para paliar el
hambre en el mundo sin causar daños a los recursos naturales del
planeta.
Por eso han aceptado las recomendaciones de la industria
biotecnológica para no fijar normas ni oponerse a las acciones
de los grandes productores de transgénicos.
Bondades
No existen suficientes estudios que determinen, sin lugar a dudas,
si los productos transgénicos son o no dañinos para la salud.
Hasta ahora sólo hay diversos puntos en torno a los cuales gira
el debate.
En principio, se dice que los productos transgénicos son
resistentes a las plagas y de mayor rendimiento. Esas características
podrían servir para cubrir la demanda de una población
creciente en el planeta.
Otras investigaciones, sin embargo, señalan que, pese a la
aparición de los alimentos en cuestión, la utilización de
plaguicidas se incrementó en uno por ciento.
Otra de las supuestas bondades de los transgénicos es que podrían
ofrecer beneficios para la salud como, por ejemplo, el desarrollo
de "vacunas comestibles".
Finalmente, se asegura que los transgénicos son productos económicos,
de mejor calidad y más sabrosos.
Objeciones
Los críticos advierten que no se ha investigado lo suficiente el
posible daño que los consumidores de estos alimentos pueden
sufrir a largo plazo.
Asimismo, afirman que la ingesta de transgénicos puede
incrementar la resistencia a los antibióticos y, como
consecuencia, las enfermedades serán más difíciles de tratar
en el futuro.
Se ha descubierto, agregan, que la manipulación de los genes
puede aumentar los niveles de toxinas vegetales y desarrollar
otras nuevas. Ese podría ser el caso de la hormona artificial
BST, que se le inyecta a las vacas para estimular una mayor
producción de leche y que podría aumentar el riesgo de contraer
cáncer en los seres humanos.
Es necesario añadir que, según un estudio realizado por el
doctor Pusztai, experto mundial en toxicidad de las plantas, un
grupo de ratas que fue alimentado con este tipo de cultivos mostró,
al final del experimento, serios daños en su sistema inmunitario
y en sus órganos vitales.
Además de esos argumentos, los ambientalistas advierten que los
transgénicos pueden afectar la biodiversidad y el equilibrio de
la naturaleza.
A pesar de la polémica promovida por las organizaciones de
defensa de los derechos del consumidor, los grandes productores
de semilla transgénica no ceden en su intento de promover esta
tecnología de biogenética.
Industriales
Las tres grandes multinacionales productoras de transgénicos son
Pioner, Novartis y Monsanto. Ellos también han expuesto su
parecer en el debate.
De acuerdo a los últimos reportes de la Rural Advancement
Foundation Internacional, estas tres compañías aumentaron sus
ventas en un 25 por ciento en los últimos dos años y juntas
facturan más de cuatro millones de dólares anuales por la venta
de semillas transgénicas.
De las firmas mencionadas, quizá Monsanto sea la más poderosa
debido a que sólo en Estados Unidos de Norteamérica produce el
85 por ciento del total de semillas de algodón.
Sin embargo, en Brasil, donde se cosecha el 25 por ciento de la
producción mundial de soya, debido a una campaña liderada por
el Instituto Brasileño de Defensa del Consumidor (IDEC), la
transnacional sufrió pérdidas considerables.
Esto se hizo evidente cuando, en 1999, una Corte Federal falló
contra esa empresa y la obligó a presentar estudios de impacto
ambiental antes de comenzar a cultivar o comercializar la soya
transgénica.
Tiempo después, luego de la protesta masiva de los consumidores,
la empresa canadiense Mc Cain Foods, productora de papas fritas,
dejó de comprar papas transgénicas y Gerber y Nestlé hicieron
lo propio cuando decidieron no usar más ingredientes transgénicos
en sus productos.
En el Perú
Aunque en nuestro país aún no se ha difundido el uso de esa
tecnología, el año pasado se expidió una norma sobre
organismos vivos mejorados que permiten, según los expertos, la
introducción de esos cultivos.
Sin embargo, hasta la fecha no se ha desarrollado ningún tipo de
cultivo trasgénico debido a que todavía no se ha elaborado el
reglamento de la mencionada norma, lo que impide en la práctica
la siembra y cosecha de esos productos.
Según directivos de la Asociación Peruana de Consumidores y
Usuarios (Aspec), es posible que nuestro país esté importando
maíz, trigo y soya transgénica que luego son transformados en
productos y suministrados a los consumidores sin que ellos
reciban advertencia alguna.
Todo parece indicar que, si se autoriza esta actividad, los
productores de semilla mejorada estarían interesados en
experimentar con cultivos como el maíz, la papa, el camote y
otros cuyo crecimiento sea favorable en la selva central de
nuestro país. (Lourdes Zúñiga Apaza)
Productor
expone sus argumentos
Cuestionados severamente desde que, en 1982, se iniciaron en el
área de la biotecnología, Monsanto, una de las transnacionales
más importantes del mundo, ha mostrado su total desacuerdo con
las afirmaciones hechas por los detractores de este nuevo tipo de
tecnología.
Según, Alvaro E. Munera, gerente técnico para la región andina
de Monsanto, quien concedió una entrevista telefónica a EXPRESO
desde Colombia, los alimentos transgénicos son sometidos a los
principios y lineamientos establecidos por la Organización
Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Agricultura
y la Alimentación de las Naciones Unidas.
Además, dice, también se ajustan a las condiciones propuestas
por el Instituto Internacional de Ciencias de la Vida, que son
los encargados de evaluar la seguridad de los alimentos en el
largo plazo.
A decir del representante de Monsanto en Latinoamérica, la polémica
suscitada en torno a este tema obedece más a "cuestiones
políticas".
Explica que los principales opositores de esta práctica son los
países europeos que, por muchos años, fomentaron los cultivos
orgánicos y ahora que las tendencias han cambiado, el público
consumidor no les otorga mucho crédito.
Etiquetas
Sometidos a técnicas especializadas de laboratorio durante
quince años, Munera dice que existe abundante información científica
seria que concluye que "no existe ningún tipo de
consecuencia negativa causada por los productos transgénicos".
En relación a la exigencia de colocar etiquetas en los productos
transgénicos, opina que el etiquetado debe ser voluntario y
principalmente para aquellos que no utilizan componentes transgénicos.
En todo caso, Munera dijo que sólo sería necesario etiquetar
estos productos si se presenta una diferencia sustancial.
En torno al interés en iniciar cultivos en nuestro país, el
especialista colombiano corroboró que sólo están a la espera
de que las autoridades peruanas elaboren el reglamento, pues
"ya existe una ley que permite el establecimiento de
cultivos transgénicos en el Perú".
En ese sentido, manifestó que están muy interesados en
desarrollar cultivos de maíz, pero en un proyecto a largo plazo.
Una vez publicado el reglamento, dice, su empresa se dedicará a
realizar investigaciones sobre la posibilidad de ese tipo de
siembra con el suelo y clima peruanos.
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